La moda de “ayudar”

Aunque hay gente allá afuera fingiendo ayudar, la realidad es que no existe tal moda, pero debería (al menos como la he de describir). La historia completa comienza con el hecho de que hace tiempo me mudé a Guadalajara, una ciudad bastante grande y, cómo cualquiera de su estilo, la gente tiende a tener poca confianza con los extraños, convirtiendo a la ayuda en un lujo que sólo hacen algunos pocos (el lujo es para los ayudados, para ser claros); en cierta medida es normal esta situación, en mi opinión no debería ocurrir.

El día que escribí la historia que desencadenó este pensamiento (de la moda de ayudar) ocurrió una mañana de viernes, en noviembre de 2015; fue algo más que sorprendente e inesperado cómo nada en la vida. Para mí es ya costumbre afectar el espacio-tiempo y desaparecer hasta una hora en la mañana y para así no llegar a tiempo y no subirme al transporte de la empresa;7 minutos tarde, tiempo suficiente para que no haya absolutamente nadie esperando, la verdad es que me pasaba casi diario (ahora entro más temprano). Culparía a la lluvia si ésta realmente fuese la responsable de mi tardanza, sé que no fue así. Regresando un poco en el tiempo diré que antes de salir de casa y a falta de paraguas, tomé una bolsa de plástico, no para protegerme a mí pero si a mis cosas; tomé rumbo y aunque la lluvia no era muy intensa a las pocas cuadras, tres o cuatro de éstas, ya estaba yo hecho una sopa, escurriendo agua y con mi ¡magnífico peinado estropeado!. Pasé a comprar un café, en una de esas tiendas de color amarillo con naranja, con la esperanza de que mientras bebía hubiera algún breve instante en que dejase de llover o las tarifas de Uber bajaran, ninguna de las dos ocurrió.

No pasó, no pasaría, la lluvía no iba a ceder, se estaba haciendo cada vez más tarde. Me armé de valor y continué mi travesía (la verdad es que es un trayecto muy corto, pero una mojada, es una mojada), protegiendo mi café y cuidando que la bolsa de plástico no dejara de cubrir la pequeña maleta que traía conmigo. Crucé la gran avenida López Mateos, o al menos la mitad, y justo antes de llegar al otro lado me di cuenta que mi problema era mayor de lo que había imaginado, el extremo contrario de la avenida era un río y pues ¡ME IBA A MOJAR! Caminé de un lado a otro, la imagen era graciosa en realidad, buscaba el punto ideal para cruzar, aquel dónde me pudiese mojar lo menos posible, izquierda… derecha… izquierda… derecha… un río, por donde quiera que caminara, ¡un inmenso río! Me era imposible hallar un lugar adecuado para cruzar, ¡AAAAAAH! ¡Nooooo! Un grado menor de histeria y el hecho de imaginarme a mí mismo moviéndome de un lado a otro era sumamente gracioso.


Cuando finalmente había tomado una decisión: caminar de regreso y buscar un puente peatonal; hice una pausa, concediéndome, digamos, abiertamente un segundo de histeria, con la idea mental de "¿Por qué no cruzo y ya? Ir al puente ocasionará que me moje aún más", para ayudar ese pequeño lapso, el semáforo se puso en verde haciendo imposible cruzar y más viable la búsqueda del puente peatonal. Pasó entonces la magia, en mi distracción una persona había bajado el vidrio de su carro y me decía algo, -¿Perdón?-, fue mi contestación, -¿Quieres que te cruce la calle?-, la respregunta más inesperada de una conductora, en medio del tránsito pesado, un día de lluvia y que, evidentemente: ¡no me conoce! -Sí, por favor, ¡muchas gracias!-, respondí mientras hacía por subirme al vehículo estacionado "a medio semáforo", ella por su parte hacía ademanes al resto de los conductores para que dejaran de molestar, -¿No ven que estoy ayudando?- soltó en algún momento. Fue increible.

-¿Dónde te dejo, dónde se te hace más fácil?-, preguntó, -Sí me puedes ayudar dejándome en la próxima parada de camión, voy a mi trabajo y debo llegar al periférico,- contesté. Comenzamos a platicar, ella me decía que iba hasta la universidad donde estudia, relativamente cercana a mi trabajo. Quizás fui aprovechado pero le pedí que llevase con ella, porque pues ¡era el mismo rumbo! Afortunadamente ella accedió a hacerlo y platicamos mucho durante el trayecto, hizo una parada bastante rápida para hacer un pago y después, retomamos el rumbo.


Me platicó detalles de su vida, dijo que le ha ido bien a pesar de que su esposo había fallecido apenas el año pasado. Ella, así como sus hijas, estudian en escuelas privadas y aunque ya no hay quien provea dinero a la casa, no le hace falta nada, la pensión de su esposo es suficiente para llevar la vida que tienen, pues sus hijas están becadas (la situación de la mujer es algo diferente, pero de igual forma, no debe pagar la escuela y es su último año). Gracias a todo eso ella tiene la firme convicción que debe devolver una parte de lo que la vida le ha regalado y ayudar siempre que le sea posible.

¿Se imaginan si muchos pensaran como esta mujer? Habiéndose convertido en una mujer viuda, hace no mucho tiempo, ha decidido tomar lo mejor de la vida que aún le queda, salir adelante y sacar por igual a su familia que aunque es pequeña, lo merece. No conforme con eso, dar ayuda a quien lo necesite sin siquiera pensarlo, ¿qué nos detiene para hacerlo? No sé cuál es el nombre de esta mujer, no lo pregunté, pero incluso poco antes de bajar de su carro fue la persona más amable y amorosa que jamás halla visto (con un desconocido, claro), me pidió tomar su paraguas, bajo el argumento que ella tenía otro y que en algún momento esa buena acción que hacía para conmigo volvería a sí misma. Para mi bien, ella lo había bajado más temprano ese día y no tendría yo el cargo de consciencia de "deber un paraguas a una total desconocida".

La cosa aún no terminaba ahí, ella me dejó en una parada de camión y fue a clases, con ella la historia había terminado. Ya estando arriba del transporte público, poco antes de bajarme, un muchacho hizo la parada y el chófer abrió la puerta antes de estar completamente detenido, el muchacho se resbaló y alrededor de tres o cuatro personas le gritaron y chiflaron al conductor al tiempo que tomaban al joven por los brazos. -¿Estás bien compa?-, le dijo uno de ellos. Mi mente ya estaba cargada de pensamientos positivos, gracias a la señora que me ayudó, ¿se imaginan el impacto que causó la simple frase en mi cabeza? Terminé de convencerme de escribir este relato, terminado con una especie de reflexión, sencilla pero clara para mí.


Ayudar, debería estar de moda, debería estarlo ya; ser tan común que ver gente ayudando a desconocidos nos provoque la necesidad de hacer lo mismo, sin pensarlo y sólo por hacerlo. Vestirnos con esa alegría de decir "lo que hago volverá a mí, no importa cómo ni cuándo". Sin duda, sería la mejor moda de todas, porque para vestirte de alguien que ayuda no necesitas un gran presupuesto, sólo ser tú y compartir lo poco o mucho que te ha dado la vida, ya sea en conocimiento, intención o acción (siempre acción antes que intención).

La moda de ayudar debe ser la moda que todos vistamos.


Te dejo este videito que también fue una influencia al hacer este pequeño artículo. Disfrútalo como yo lo hago (lo veo muy seguido)

2 comentarios sobre “La moda de “ayudar””

  1. Woow me gustó mucho este relato, sobre todo porque refleja algo de mi pensamiento hacia el mundo. Realmente creo que el mundo puede cambiar con pequeñas acciones como lo que hizo esta señora por ti. Y me recordó lo que yo hice hoy por alguien, mucho más simple, pero que de todos modos esas pequeñas ayudas dejan un buen sabor de boca.
    Te cuento. Iba yo a ver a Nianni, el día de hoy a las 11:30 am en la esquina de Ventura Puente y Boulevard García de León, vaya, era una mañana sin tráfico y cuando ya casi llegaba a mi destino resulta que eran las 11 apenas, las personas que iban junto a mi en la combi (una pareja ya de edad algo avanzada y de fuera de la ciudad) iban “alegando” que no le pidieron al chofer los bajara en el Centro de Convenciones y al no conocerlo ninguno de los dos no sabían cuándo llegarían a dicho punto, al ver mi temprana llegada y el problema de la pareja me ofrecí a llevarlos a su destino, así que me fui de largo en mi trayecto y los dejé donde ellos necesitaban ir y me regresé caminando jeje me gusta hacer ese tipo de cosas precisamente porque espero que esas buenas acciones se propaguen. Siempre digo: haz por los demás lo que quisieras que hicieran por ti.

    Saludos ^^

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