Random Typing: El mundo del revés

Crecí en una época de personajes eternos, el primero de ellos era Santos, mi tío, un hombre que al parecer era el estereotipo visual de los adultos de los 80 en México, siempre de traje, lentes enormes y saludando con propiedad hasta al niño más ignorante e irrespetuoso, él sobrepasando los 100 años, falleció este año, aún así siempre se le vi idéntico, jamás dejó de vestir trajes ni usar lentes enorme; curiosamente mi papá solía vestirse como mi tío cuando él tenía mi edad, usualmente sin los sacos, era curioso porque se trataba de un patrón repetitivo; no sólo eso pues, por un lado, Jacobo Zabludovsky, el "dinosaurio de las noticias", en la televisión se parecía también a mi tío, incluso Raúl Velasco, el conductor de Siempre en Domingo, tenía la misma apariencia.

También puedo afirmar que crecí con personajes entrañables, seres humanos que llegaron a convertirse no sólo en historia, sino en sinónimos de lo que representaban; generaciones enteras les conocerían como figuras icónicas e inmortales. No fue así. Desde conductores de noticias hasta adultos fingiendo ser niños, ideas con el nombre de personas.

Hoy, a unos días de cumplir mis 30 años, decenas de esos personajes han muerto, ejemplos sobran. Si bien Xavier López sigue vivo, no así Chabelo, el personaje que durante decedas represntó, a este le han acabado y sin duda le han matado, quizás de alguna forma simbólica, pero muerto al fin. Me es importante mencioanr también que hace unos días un representante de la música, de la homosexualidad y México mismo, también partió, este último seguramente tendrá mayor permanencia pues su legado no se limitó a una transmisión televisiva sino que escribió canciones que después interpretó, no sólo él sino también muchísimos otros artistas y músicos.

Hoy, estando tan cerca de "el tercer piso", sé que si algún día llego a tener la dicha de educar a un crío propio, él no conocerá lo que es un personaje icónico y trascendente, de esos inmortales que durante casi 30 años lograron perdurar, de esos del día a día, inmutables; mi crío, de existir algún día, habrá llegado a un mundo donde todo es fugaz, la fama, el dinero, los amores, los sentimientos, donde todo será desechable, probablemente con el tan solo hecho existir (un juguete, un aparato, un “lo que sea”); sé que mi retoño no tendrá el mismo goce que yo, no podrá vivir imaginando por sí mismo, al menos, no como yo lo hice; los adultos disfrazados de niño que él (o ella) lleguen a ver, serán seguramente pervertidos, desadaptados o qué sé yo, enfermos que creen que pueden convertirse en el nuevo Chabelo de la generación Z.

No me arrepiento ni me entristezco de haber vivido los abruptos cambios de mi generación, pues los disfruté todos y cada uno, pero en cambio me entristece que los que llevamos y guiamos, a esta nueva estirpe no supimos valorar lo positivo que nuestros padres, vestidos de traje, propios y con gafas enormes, no fuimos capaces de ver aquello que nos trataron de inculcar, nos convertimos en un nuevo "Mundo del revés".

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