Sobre existir…

Esta es una historia acerca de mí, no sé si muy general o muy descriptiva, pero mía. Más que compartir la filosofía, creencia, idealismo o como gustes llamarle, que me guía, que me sirve para vivir el día a día, es para contarte por qué mi trabajo ha influido en mi felicidad y cuales son mis fundamentos para dicha afirmación.

Hace tiempo, tal vez diez años atrás, un amigo me pidió escribir acerca de una máxima, ésta de un filósofo, George Berkeley: "Esse est percibi" ("existir es ser percibido", en español). Desde entonces este pensamiento es parte de mí y es, sin duda, muy acertado. Aunque estoy casi seguro que el concepto más popular acerca de la existencia es el ideado por René Descartes, aquel que dice: "Pienso, luego existo", ¿parecen ser ideas contrarias las de estos filósofos? En efecto, lo aparentan, mientras una depende sólo “de mí” saber si soy parte o no de la existencia, en el otro depende del entorno. Ahora, me atrevo a preguntar: ¿en qué contexto existir, sólo por pensar que lo hago, pero sin ser percibido, podría ser realmente útil? Para mí, casi en ninguno, quizás el único donde podría encajar es en la búsqueda de la iluminación, aquella planteada por los budistas, donde la consciencia plena apunta a saber que la existencia es meramente un efecto de nuestra mente, es creada por nosotros. Considerando la idea de esta religión, sólo ahí, en medio de la iluminación, es donde el hecho de pensar nos materializa y por lo tanto nos hace existir.


Añadiendo otra idea, somos seres sociales y estamos destinados a aprender por repetición. En alguna ocasión leí una idea crucial para entender esto; el hombre por sí solo es incapaz de aprender a hacer algo, necesita de la sociedad para que sus habilidades sean funcionales, de alguien que ya haya aprendido, desde la comunicación hasta tareas sencillas (pensando en el diario moderno y no precisamente tareas primitivas), el autor (de quien lamentablemente olvidé la fuente) afirmaba que "no deberíamos ser llamados homo sapiens sino 'homo socialis' ya que nuestra capacidad depende de lo que aprendemos y no de lo que pensamos de manera instintiva". Habiendo dicho esto y considerando que, al ser incluidos en una dinámica, donde seamos socialmente activos y no sólo individuos aislados, nuestra apreciación del entorno será distinta y con ello, nuestro aprendizaje.

Para complementar a ese "homo socialis", me apoyo en el concepto de Ubuntu, que de acuerdo a la definición de Leymah Gbowee, significaría "Soy porque somos" ("I am what I am because of who we all are.", en inglés), este pensamiento antiquísimo me hace entender plenamente que mi felicidad no la debo exclusivamente a mi persona, pues de no estar inmerso en una sociedad no sería quien soy, no podría tener tristeza, enojo, desesperación, ira, amor, paz, tranquilidad, felicidad ni ningún otro sentimiento porque simplemente no los conocería, sería instinto y no más. Si bien la identidad de cada uno de nosotros es importante porque nos distingue, ésta no sirve en absoluto si no hay un espacio en el cual podamos ser distintos, notados. ¿Es acaso importante estar inmerso en un grupo social? No lo puedo afirmar, pero tampoco negar; no fue sino hasta tiempos modernos (de mi existencia) que pude darme cuenta de la importancia de esto, soy parte de un todo y, si puedo aportarle algo positivo a éste, lo haré para añadir más felicidad y valor para el resto.

Dos años y medio estuve en una situación donde mi interacción social era mínima, aún rodeado por personas y colaborando con ellos continuamente, trabajar no es necesariamente ser social; primero aislado por las políticas restrictivas de confidencialidad, necesarias para el negocio, y luego por lo minúsculo que era el círculo social-laboral al cual había ingresado; físicamente estaba en un espacio aislado y abierto a la vez, lejos de la mayoría de las personas y viendo pasar solamente a aquellos que se sentaban muy cerca de mí, siendo estos no más de diez personas. Llegué a hacer amistad, o al menos un vínculo agradable, con un barista, empleado de la cafetería que está dentro de la oficina, él, siempre detrás de la barra, aprendiendo los hábitos de bebidas de decenas de empleados, y yo aislado, viendo gente pasar mas no hablando con ellos. No pienses mal, esto no me orillo a sentirme del todo mal ni siquiera triste o acongojado, en realidad me hizo percatarme de la importancia de ser parte de un todo, del participar e interactuar con la sociedad de manera activa, y no estar sólo a la espera de ser incluido.

Después de varios meses y por la conclusión del proyecto en el cuál participaba, fui reasignado; un equipo con más gente y por fortuna en un espacio con una mayor posibilidad de interacción, donde ver mucha gente pasar es normal y no un milagro, el aislamiento terminó. Gracias a mi ubicación puedo, todos los días y sin pensarlo, sonreír, recibiendo casi siempre una sonrisa de vuelta. Saludo como si me pagaran por eso; sé que algunas personas me ubican, tal vez porque siempre parezco estar feliz o porque estoy siguiendo una canción sin cantarla, haciendo algún ademán o gestos durante mis llamadas, pero siempre trabajando, a veces hasta enmudezco mi diadema para decir “Hola”, estoy dando lo mejor de mí para seguir por ese camino y contagiar a otros. Puedo afirmar que es genial ser parte de un todo, no tengo que esforzarme porque ya no me cuesta trabajo. Soy yo mismo y no lo evito.

He conocido gente maravillosa, interesante y agradable; he visto caras dejar de pasar y otras entristecerse por la noticia que esperas nunca llegue de tu empleador; he hecho amigos tan sólo por el hecho de ser yo, pero un "yo" social, uno que "es percibido" que existe, me he podido desempeñar muchísimo mejor en mi trabajo y me he sentido más pleno de lo que jamás imaginé. Soy feliz porque sé que existo, porque pienso y a la vez, porque soy percibido. Te invito a no aborrecer tu trabajo, a apreciarlo no sólo porque “te da de comer” sino también por darte la oportunidad de ser social, de ser feliz.

Finalmente, si has llegado hasta aquí, debo darte gracias por regalarme algo de tu tiempo y darme oportunidad de compartir contigo. De todo corazón, gracias.

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